noviembre 30, 2022

Hay, en la provincia de Neuquén, funcionarios que reciben salarios que superan el millón de pesos y no cumplen con sus obligaciones laboralesa pesar de que con esta pereza y desinterés dañan y hasta exponen a un sufrimiento psicológico innecesario a quienes más cuidados necesitan y merecen: niños y niñas.

Se dice -en rigor, se sabe- que cuando la Justicia es lenta no es justicia. Y los Juzgados de Familia constituyen una prueba dolorosa e irrefutable de ello. No por el sistema, como pretenden instalar para blindarse y delimitar responsabilidades, sino por la actuación (y también la inacción) de ciertos jueces que, lamentablemente, son mayoría.

Las víctimas directas de estos magistrados son tanto los que llevan años rogando por un régimen de visitas -que les permita abrazar a sus hijos- como los que tocan puertas y más puertas en busca de una medida judicial que haga efectivas las decisiones judiciales, bien llamado “Tutela efectiva de los derechos”. Sin embargo, las principales víctimas son los niños y niñas, quienes, por la ineptitud de estos funcionarios bien pagados, crecen sin haber disfrutado de uno de sus progenitores, generalmente el padre.

Evidentemente, esto no quita el sueño a los jueces que se acuestan todas las noches sin preocupaciones para iniciar, al día siguiente, una rutina que a fin de mes engordará sus cuentas bancarias con otro suculento ingreso de las arcas del Estado. Se podría decir que cobran una fortuna por no funcionar (al menos no correctamente), pero por desgracia es mucho más grave que eso.

El nuevo Código Civil y Comercial de la Nación entregó a los jueces de familia de todo el país una serie de herramientas que, al menos en Neuquén, la mayoría no utiliza. Son las que pasaremos a revisar de forma clara y contundente, sin caer en los tecnicismos y artimañas que utilizan para ocultar procedimientos desleales, que sin duda merecen ser revisadas por quienes tienen la obligación de velar por su correcta aplicación. de las leyes

Entre las herramientas que tienen y no usan está la posibilidad de contacto directo con las partes, que fue diseñada para no caer en la red de la burocracia. Pero jueces y juezas prefieren no asistir y se encierran en la comodidad de sus oficinas. No se conmueven con súplicas ni lágrimas. Tampoco los motiva su obligación de administrar debidamente la justicia. No atienden a quienes deben atender y los expedientes duermen en un cajón, mientras los padres, madres, niños y niñas no pueden pegar ojo. Si se dignan asistir lo hacen por zoom y convierten lo que era una necesidad en tiempos de pandemia en un vicio fácil. Es evidente que la obligación de conducir a las partes a un posible acuerdo (lo que agiliza los tiempos de resolución judicial), no tiene cabida entre las prioridades de estos jueces.

Las partes (madres y padres entre quienes generalmente existen pasiones encontradas) deben contar con el acompañamiento que el Estado les garantiza, pero que estos magistrados y magistrados los nieguen o directamente les quiten. La presencia de los funcionarios judiciales es fundamental, pero ni siquiera van a las audiencias.

Otra herramienta es la oralidad, tan simple como el acto de escuchar. Pero estos jueces y juezas no lo ponen en práctica y así engordan los expedientes, a medida que el tiempo se les escapa de las manos. No las de jueces y juezas, sino otras menores: las de niños y niñas que crecen en el abandono de la Justicia.

Son los mismos expedientes que los jueces ganan peso al desestimar otra de las herramientas: la que les habilita para actuar de oficio, sin esperar a que las partes presenten solicitudes que son rutinarias en los casos de conflictos parentales (y que se conocen literalmente hasta la saciedad). ). ).

ineficiencia irrefutable

Los resultados de semejante disparate no hacen más que confirmar la manifiesta ineficacia de los jueces. Según datos oficiales del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la provincia de Neuquén, entre 2008 y 2021 ingresaron 84.732 casos a los Juzgados de Familia de la Primera Circunscripción (con sede en la ciudad capital). En esos 14 años, solo resolvieron 23.797, es decir, apenas el 28,08%.


¿Falta de presupuesto? Por supuesto que no. Baste decir que en 2021, la jurisdicción de Familia fue la que más fondos contó en el Poder Judicial de Neuquén; y que el 10% del pastel lo colocaba por encima de la jurisdicción Penal (9%), que se alimenta de expedientes hora tras hora, minuto tras minuto. Hay más. Con todos estos recursos, la jurisdicción de Familia resolvió, en 2021, menos de un tercio de sus casos, mientras que el Juzgado de Trabajo falló el 52,24% de sus casos. El presupuesto de la familia triplica al del Trabajo. Y, a la luz de estos datos estadísticos, la jurisdicción de Familia es un agujero negro por donde se escapan los recursos del Estado, sin solución para los neuquinos y neuquinas que caen en su tediosa ineptitud.

¿A donde va el dinero? En gran parte por salario. Tanto es así que ninguno de los jueces de la jurisdicción de Familia capitalina gana menos de un millón de pesos, y no paga impuesto sobre la renta desde que ingresaron al Poder Judicial antes de 2017.

resultados nefastos

Tal es la negligencia imperante que los jueces ni siquiera aseguran la buena fe y la lealtad procesal, para evitar que una de las partes falte reiteradamente a las audiencias o incumpla su obligación de llevar al hijo o hijos a las reuniones con el padre o progenitor. Estos magistrados y los magistrados no hacen prevalecer la ley sobre los recursos que presenta una de las partes, con claras intenciones perniciosas. También cortan inmediatamente el vínculo sagrado entre padres o madres e hijos, tan pronto como…

Continuar leyendo este Titular: No es culpa de la Justicia, sino de jueces y juezas